
Se ha anunciado en algunos medios, que, como regalo por el bicentenario de la independencia y centenario de la revolución; el gobierno de Austria, está dispuesto a enviar a nuestro país el original Penacho de plumas exóticas, oro y piedras preciosas que el emperador Moctezuma le obsequió a Hernán Cortés en su arribo a tierras mexicanas.
Este penacho; que nunca usó el emperador Moctezuma; paso a ser parte de una serie de colecciones privadas de arte por azares del destino; pues cuando Cortés lo recibió – entre otros artículos prehispánicos de lujo que el emperador brindó como bienvenida- lo envió enseguida a los Reyes de España; a partir de donde tomaría nuevos rumbos por ser una de las piezas menos preciadas en comparación de las joyas de oro macizo de las que constaba el resto del arca de 158 artículos recibidos por Cortez en 1521.
La leyenda urbana cuenta que un personaje misterioso de la corte en aquel entonces, se quedó con él; y que, años después; pasaría directamente a la propiedad privada de una acaudalada familia española (Ambrás) que lo adquirió en una subasta en Venecia, Italia.
El rastro se le siguió hasta que dejó de ser parte de la colección privada y se unió a una de exhibición en Bruselas, Bélgica. De aquí volvió de nuevo a lo privado, perteneciendo al Conde Fernando de Tirol (hijo De Fernando I y Sobrino de Carlos V) desde donde, por movimientos políticos y tras la muerte del conde, fue a dar a Viena; eso en 1817, donde después de décadas de permanecer extraviado en bodegas; fue rescatado y restaurado con los elementos que se tuvieron a mano en la época- las plumas originales que se dañaron por el tiempo fueron imposibles de reponer pues las aves mexicanas que se utilizaron de fuente se habían extinguido por completo- y puesto en exhibición como la deliciosa pieza de histórica y artística que es.
El gran dilema es que se ha gestionado horrores para que el penacho vuelva a México como parte del patrimonio prehispánico. Por más de veinte años de chamba, el indígena danzante Ixokonoschtletl Gomora, ha realizado labor diplomática para que el penacho de Moctezuma sea cedido por el gobierno Austriaco a nuestro país.
En 1999 el gobierno de Ernesto Zedillo comenzó las gestiones oficiales solicitando una especie de devolución. No obstante, la devolución en sí, hasta esta fecha no se ha solicitado formalmente.
Lo importante de este punto creo; es que; aunque sea ahora que está tan de moda todo este rollo de celebrar 200 años de historia; comencemos a valorar lo que somos en si como mexicanos y lo que tenemos en nuestro país; luego calmarnos un poco y no hacer tantos berrinches por -un maravilloso sí. Simbólico e importantísimo- objeto que desde un principio estaba destinado al exterior.

Seria grandioso que volviera este penacho- aunque nunca lo haya usado el jefe Moctezuma- pero sería mejor que volviera como regalo a nuestro país, como obsequio de una nación que respeta nuestro legado y que se enorgullece de conservarlo y de retribuírnoslo como cumpleañeros históricos, independientes y sobre todo; fieles amantes y conocedores respetuosos de su cultura.
No creo que sea una mala idea solicitarlo, sin embargo sí creo que a veces nos hemos preocupado de más y lo hemos hecho un gran asunto. Y no es que minimice la lucha del hermano Ixokonoschtletl Gomora que ha gestionado por 20 años el regreso del penacho; solo me pregunto: ¿cuántos de nosotros como él, hemos hecho algo por recobrar nuestra identidad y nuestra historia? ¿Cuántos hemos defendido a capa y espada o hemos protegido con fervor y cariño -como el gobierno de Austria- el legado de nuestros antepasados?
Ahora que es tiempo; en efecto de celebrar: pero también de luchar y seguir creciendo, es época también de creer en lo nuestro, de buscar en nosotros y amar a nuestro México. Sólo ahí está el buen futuro verdadero.
Obviamente, el amor por nuestra cultura no se aprende de un día para otro. Ese se nace como se ha nacido mexicano. Pero tampoco es causa perdida. Menos para nosotros los jóvenes que tenemos tiempo, ganas y vida por delante.
Empieza con calma. Fíjate en lo peculiar que es tu ciudad, en lo bello de las calles de pueblo. En lo extraordinario de idioma y en lo mágico de tus raíces. Ama eso primero y reclámalo. Después con esos bríos; ve reconstruyendo tu comunidad y luego ¿por qué no? tu estado y el país entero. Seguro que así, valdrá la pena que una reliquia como el penacho vuelva. A un país que se respete a sí mismo, seguro vale la pena.
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